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  • ¿Cómo el suelo bajo nuestros pies nos ayuda a ahorrar energía?

    • Ahorrar en facturas, mejorar el confort en los hogares y contribuir a la sostenibilidad global no depende únicamente de grandes tecnologías visibles. A veces, la clave está justo bajo nuestros pies.
    • Integrar pavimentos con alta inercia térmica en el diseño de un edificio es una decisión técnica que impacta en el rendimiento global del inmueble.
    • Cuando el suelo deja de ser un mero acabado y se convierte en un elemento activo del sistema energético, el edificio evoluciona hacia un modelo más eficiente, competitivo y alineado con los objetivos climáticos.

    El sector de la edificación vive una época en la que la presión normativa, la necesidad de reducir emisiones y la sensibilidad creciente del usuario final hacia el confort y el consumo energético han colocado la eficiencia en el centro del debate. De esta manera, hablar de construcción hoy en día es hacerlo de sostenibilidad, de optimización de recursos y de reducción de la huella de carbono.

    En este contexto, mejorar la eficiencia energética se ha convertido en uno de los grandes retos del sector. Según estimaciones de la Unión Europea, la calefacción y refrigeración de edificios supone el 40% de toda la energía que se consume en la UE y el 36% de todas las emisiones de CO2; por lo que Solo un adecuado aislamiento de paredes y tejados en este tipo de edificaciones ahorraría en torno a 777 TWh- que es el equivalente al consumo eléctrico de España y Alemania juntas.

    Trasladando estos datos a todos los actores involucrados en el proceso de construcción y uso de cualquier edificación, es evidente cómo cada kilovatio ahorrado en calefacción o refrigeración tiene un impacto directo en la factura del usuario, en la competitividad de la promotora o constructora y en el cumplimiento de los objetivos climáticos marcados a nivel europeo e internacional.

    En el caso concreto de las empresas del sector de la edificación, integrar soluciones que optimicen el comportamiento energético de los edificios es una estrategia doblemente inteligente. Por un lado, permite ofrecer productos inmobiliarios más atractivos y eficientes; por otro, refuerza la imagen de marca como compañía innovadora y comprometida con el medio ambiente. Buscar maneras nuevas y creativas de mejorar la eficiencia ya no es una opción diferenciadora: es una necesidad estratégica.

    Y en esa búsqueda, muchas veces se mira a las envolventes, a las instalaciones o a los sistemas activos de climatización. Sin embargo, hay un elemento estructural que tradicionalmente ha pasado desapercibido y que juega un papel determinante: el suelo bajo nuestros pies.

    Pavimentos con inercia térmica: una herramienta clave para la eficiencia energética

    El pavimento no es un simple acabado estético. Es una masa constructiva en contacto directo con el usuario y, en muchos casos, con sistemas de climatización como el suelo radiante o refrescante. Cuando el pavimento se diseña y selecciona correctamente, puede convertirse en un aliado estratégico para reducir el consumo energético del edificio. Y es aquí cuando entra en juego el concepto de inercia térmica.

    La inercia térmica es la capacidad de un material para absorber, almacenar y liberar calor de forma progresiva. En términos técnicos, depende de su masa, densidad y calor específico. Un pavimento con buena inercia térmica actúa como un regulador natural de la temperatura interior: acumula energía cuando existe un aporte térmico (solar o procedente de un sistema de climatización) y la libera gradualmente cuando la temperatura ambiente desciende.

    Dentro de las distintas tipologías de pavimentos, los sistemas continuos minerales —como los cementosos, microcementos o sistemas continuos de base hidráulica— presentan características especialmente interesantes desde el punto de vista energético:

    • Son pavimentos sin juntas, lo que favorece una transmisión térmica homogénea.
    • Tienen poco espesor, lo que reduce la resistencia térmica entre el sistema de climatización y el ambiente.
    • Presentan una elevada conductividad térmica frente a soluciones multicapa o con materiales aislantes intermedios.

    Una combinación de características que permite que el calor generado por un sistema de suelo radiante se transmita con mayor rapidez y eficiencia al espacio habitable. La energía no se “pierde” en capas intermedias ni se ralentiza por discontinuidades. El pavimento actúa como un intercambiador eficaz entre el circuito térmico y el aire interior.

    Y, cuando hablamos de edificios eficientes, esta capacidad de absorción, almacenamiento y cesión progresiva de calor marca la diferencia entre un sistema que responde de forma brusca y otro que trabaja de manera estable y optimizada.

    Beneficios directos: del comportamiento térmico al ahorro real

    El comportamiento térmico de un pavimento continuo mineral no es una cuestión teórica. Se traduce en efectos medibles que impactan directamente en el confort y en el consumo energético.

    1. Menos picos de temperatura: en edificaciones con baja inercia térmica, la temperatura interior puede variar con rapidez ante cambios en la radiación solar o en la climatización. Esto genera picos térmicos: momentos en los que la vivienda se sobrecalienta o se enfría en exceso, obligando al sistema a trabajar de forma más intensa para compensar.

    Un pavimento con inercia térmica absorbe parte de ese exceso de energía cuando la temperatura aumenta y la libera cuando desciende. El resultado es una curva térmica más suavizada, con menores oscilaciones. El sistema de climatización opera de forma más constante, evitando arranques y paradas frecuentes que incrementan el consumo.

    2. Más estabilidad térmica: la estabilidad térmica es uno de los factores más valorados en el confort interior. No se trata únicamente de alcanzar una determinada temperatura, sino de mantenerla en el tiempo con la menor variación posible.

    Los pavimentos continuos minerales, gracias a su masa y a su conductividad, colaboran activamente en esa estabilidad. En invierno, almacenan el calor generado por el suelo radiante y lo ceden de forma progresiva. En verano, si el sistema es refrescante o existe ventilación nocturna, ayudan a disipar y regular la energía acumulada.

    Esta estabilidad reduce la necesidad de ajustes constantes en el termostato y disminuye el consumo energético asociado a correcciones rápidas de temperatura.

    3. Mayor confort en invierno y verano: el confort térmico es una combinación de temperatura del aire, temperatura radiante de las superficies y humedad relativa. El suelo, como superficie de gran contacto con el usuario, influye de manera decisiva en esa percepción.

    En invierno, un pavimento continuo mineral bien acoplado a un sistema radiante proporciona una sensación uniforme de calor desde el plano inferior, evitando zonas frías y corrientes convectivas intensas. En verano, la capacidad de regulación térmica contribuye a un ambiente más equilibrado, con menor sensación de sobrecalentamiento.

    El resultado es un hogar más confortable durante todo el año, con una demanda energética optimizada. Aquí es donde el discurso técnico conecta con el gancho generalista: menor consumo implica ahorro en facturas, mejora del bienestar y contribución real a los objetivos climáticos.

    Pantera el microhormigón autonivelante de Pavistamp

    Cuando se busca un pavimento que combine comportamiento térmico, resistencia y versatilidad constructiva, el microhormigón autonivelante se posiciona como una solución especialmente adecuada.

    El microhormigón autonivelante de Pavistamp, diseñado para espesores reducidos (en torno a 0–6 cm según sistema), reúne características técnicas alineadas con los principios de eficiencia energética:

    • Alta conductividad térmica propia de los materiales cementosos.
    • Aplicación continua, sin juntas, que favorece la transmisión homogénea del calor.
    • Espesor controlado, lo que reduce la resistencia térmica total del sistema.
    • Excelente compatibilidad con sistemas de suelo radiante o refrescante.

    Desde un punto de vista técnico, este tipo de solución permite optimizar la respuesta del sistema de climatización. Mientras el calor generado se transmite con rapidez a la superficie útil y se reparte de manera uniforme en toda la estancia, la masa del pavimento actúa como acumulador térmico, estabilizando el ambiente interior. Unas características que, trasladadas a un proyecto real, hacen que su elección repercute en tres dimensiones clave:

    • Ahorro económico: menor consumo energético y reducción de la factura a medio y largo plazo.
    • Confort: espacios más estables y agradables para el usuario.
    • Ambiental: menor demanda energética y reducción indirecta de emisiones asociadas.

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